A veces parece que no estamos listos para nada, menos para las sorpresas que nos da la vida. Miró la casa por la ventanilla, suspiró, bajó unos segundos después de que Edward le abriera la puerta. Junto al rubio entró arrastrando la pequeña maleta que llevaba, Edward llevaba las otras. El joven abrió la puerta, y la dejó pasar primero. La chica escaneó la casa, todo lo que sus ojos le permitieron. La casa era grande y hermosa, le parecía demasiado para ser solo ellos dos. —Es muy grande, solo somos dos. No era necesario, debe ser muy caro —dijo, girando a ver a Edward a su lado. —No tienes que preocuparte, mi madre la compró hace unos años —explicó Edward. —Es hermosa —dijo Paula, mirando todo con admiración. El color de las cortinas le encantó, era un azul marino con un verde re

