Llevó una mano a su frente de la frustración. Desde que habían llegado, la paz se había espantado, Paula había vuelto a su rutina de lágrimas, y más lágrimas. Edward intentó buscarle el lado, pero se rehusó a molestarla, tenía que respetarla, había recordado esa horrible noche, del cual él se quería olvidar, cada vez que lo recordaba, quería devolver el tiempo, darlo lo que fuera por no haber lastimado a esa pobre chica. Repentinamente sintió unas ganas de tomar, de ahogarse en el dolor, pero recordó que esa fue una de las razones que lo llevó a cometer semejante imprudencia, si no estuviera borracho sus amigos no lo hubieran drogado. Pero sobre todo recordó que Paula lo necesitaba, no sólo ella, también su hijo. A la mañana siguiente no pudo contenerse, y con su llave de respaldo

