—Oh, ¡hola linda!—La rubia la envolvió en sus brazos con fuerza. —. No sabes cuanto me alegra verte, pequeña. ¿Cómo estás? —Bien. —Oh por Dios, ya está bien claro tu pancita —dijo la mujer, con mucha emoción agachándose a tocarle el vientre. —Ya no se puede disimular —confesó Paula. —Vamos vengan —Su madre los guió a un sofá a parte. Sabía que Paula no estaría cómoda con tantas presentaciones por lo cual quiso evitarle eso. La fiesta prosiguió tranquila, a Paula le gustó el ambiente, y todo, le parecía que eso sí era una fiesta sana. —Edward ¿qué haces aquí? Es tu fiesta, deberías estar disfrutándola, mira todos están bailando, hasta tus padres —Le reprochó. Edward la miró. —Me divierto estando contigo. —No, te buscaré a tu compañera de baile —Paula empezó a buscar con

