—Disculpe, señorita, ¿me puede facilitar su nombre? —pregunta la recepcionista de De La Vega Group, mirando con cortesía profesional a la mujer de pie frente al mostrador. Isabella golpea suavemente la uña contra su bolso, impaciente. Su tono, aunque amable, deja ver su falta de paciencia. —Mi nombre es Isabella Ferrer. Dígale al señor De La Vega que quiero hablar con él… sobre Valentina Santorini. La recepcionista levanta la vista con sorpresa. Ese nombre no es uno que se mencione con frecuencia, y mucho menos luego de que ella se hubiera ido. Asiente con cautela. —Un momento, por favor. Veré si el señor De La Vega puede recibirla. Mientras la joven hace la llamada, Isabella revisa su celular con fingida tranquilidad. Por dentro, su mente no deja de trabajar. Ya tiene a Alicia hacien

