88. UN MAESTRO Y UN DISCÍPULO

1944 Palabras

Niza, Francia – Un mes antes Enrique Hacía mes y medio que había despertado del coma inducido por el doctor Jules, desde entonces no había visto a nadie excepto a él, una enfermera y un terapeuta, con quien tuve diversas sesiones diarias para recuperar la movilidad en un brazo que quedó casi por completo destruido cuando me estrellé aquella noche y también por la fractura femoral (que por suerte no fue grave y sanó en unas pocas semanas). Además de esto, también debí recuperarme de tres costillas fracturadas, las heridas por los disparos que me dio Sonja en el pecho, una reconstrucción facial que debieron hacer al desprenderse parte de mi rostro con el impacto por no llevar casco y las heridas menores en otras partes de mi cuerpo. El lado bueno fue que las operaciones resultaron un éxi

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