Ciudad del Vaticano – Dos días después Claude —Espero no hayas tenido nada que ver en el asunto, Laval, o sabrás las consecuencias —advirtió Carruzo entre dientes para que nadie en el recinto lo escuchase. —Dije que estaría en Inglaterra, no en Rumanía y también tengo testigos y pruebas de ello, así que ahórrese sus amenazas porque no las necesito, Carruzo —advertí elocuente. De pronto Christian apareció silenciando a los presentes, Carruzo tomó la delantera junto a otros obispos y mi corderito, con duro semblante y el corazón roto, levantó el rostro hacia los presentes enfocándose en ese viejo imbécil. —¿Tienes los resultados de los exámenes? ¿Viste el cuerpo? —preguntó Carruzo angustiado. —Sí, padre, se comprobó que el cadáver es del padre Enrique Toledo, la señora Sonja Rus lo tr

