Claude —¿No te alegra que viniésemos en helicóptero y luego en auto? —cuestioné burlesco a Enrique cuando nos adentrarnos en la fábrica, a lo que él volteó fastidiado los ojos, puesto que se rehusó a usar el helicóptero por temor a que ellos nos descubriesen. —Sí, fue una gran idea. ¿Contento? —No me agrada tu tonito sarcástico, pero lo dejaré pasar por darme la razón. —Eres el colmo. —No, Enrique, soy el mejor. —Aunque odie admitirlo, sí, lo eres —esa tenue sonrisa trazada en él me trajo bueno recuerdos, mas el desgarrador grito de mi gatita nos borró la alegría. Corrimos con todo lo que el cuerpo nos dio, el lugar no era tan grande y prácticamente estaba vacío, aunque no fue una casualidad que ellos terminasen aquí, sino una obra mía para llevar a las ratas a la trampa. Sin embarg

