Sonja En cuanto Claude les informó que iría con ellos, Oskar y Enrique se empecinaron en armarme un alboroto que ignoraré en cuanto hui a una habitación a cambiarme con la vestimenta que me había entregado ese demonio manipulador de Claude, aunque esto no detuvo a Enrique de seguirme recriminando a puerta cerrada sin importarle que otros nos escuchasen o que estuviese medio desnuda. —¡Olvídalo, no irás! —gritó por enésima vez hecho una furia— ¡No me importa lo que diga Claude, no vendrás con nosotros! —Sí lo haré y ya deja de gritarme que no eres mi padre ni me dirás lo que debo o no hacer —advertí tajante al estar cansada de sus alaridos. Él se tomó un minuto para calmarse y aunque su respiración demostraba lo imposible que le era, no evitó que me abrazara desde atrás demostrándome cu

