Sonja Estaba desesperada por ayudar a mi sobrina, pero por mucho que insistía en ir con ellos, Oskar y Enrique no me lo permitían por la gravedad de mis heridas y aunque agradezco su preocupación, así como también me enamora la protectora actitud de Enrique, no podía permitir que se fueran sin mí, por lo que decidí buscar al padre Claude quien se encontraba en lo más alto de la iglesia fumando un cigarrillo mientras divisaba el panorama de la ciudad. —Padre Claude, ¿podemos hablar? —quedé junto a él en el balcón, aunque parecía un fantasma al no responderme o mirarme—. Quiero que me permitan ayudarlos en el rescate de mi sobrina, haré lo necesario para salvarla. —Estás herida y lo sabes, pero si acudiste a mí es porque Oskar y Enrique se negaron rotundamente a la idea —soltó impávido,

