GESTOS

950 Palabras

La segunda reunión comienza con la misma solemnidad contenida que caracteriza todo en este país. Nada sobra. Nada se impone. Todo ocurre en su justa medida. La sala está bañada por una luz blanca y suave que entra desde los ventanales laterales. El mobiliario es minimalista, casi austero, pero hay una elegancia silenciosa en cada línea, en cada espacio vacío que no necesita ser llenado. Los representantes japoneses llegan puntuales, con la serenidad de quienes saben que el tiempo también es una forma de respeto. Nos ponemos de pie al unísono. Las reverencias son breves, precisas. Dasha se sienta a mi derecha. No lo hablamos. No lo acordamos. Simplemente sucede. Y ese gesto mínimo, casi imperceptible para cualquiera más, me sacude de una forma que no debería. Abre su carpeta con calma,

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