Esa misma noche El Matías de antes, el que existía antes de que Dasha entrara en mi vida, ya estaría pensando en el regreso a Miami. Estaría revisando mentalmente contratos, anticipando reuniones, calculando riesgos y movimientos como si el mundo entero fuera un tablero de ajedrez donde cada pieza tiene que moverse con precisión. Pero esta nueva versión de Matías Guerra es distinta. Radicalmente distinta. Estoy feliz de una forma que jamás imaginé posible. Después de un día increíble recorriendo las calles de Èze, perdiéndonos entre terrazas que miran al Mediterráneo y hablando de un futuro que hasta hace poco parecía imposible, ahora estoy aquí, recostado en la enorme cama de la villa, con las manos detrás de la cabeza, esperando a que mi esposa salga del baño. Mi esposa. Todavía h

