Al día siguiente: El día transcurre distinto. No hay reuniones. No hay trajes apurados ni mesas de negociación. Por primera vez desde que llegamos a j***n, el tiempo no se mide en contratos, sino en pasos. Caminamos por templos antiguos donde el silencio tiene peso, donde incluso la respiración parece pedir permiso. Dasha observa cada detalle como si necesitara memorizarlo: los jardines, el agua, las piedras, las puertas rojas que se repiten una tras otra. Yo la observo a ella. Me doy cuenta de que no recuerdo la última vez que caminé junto a alguien sin estar calculando el siguiente movimiento. Almorzamos algo simple. Nos sentamos en un banco a mirar gente que no sabe nada de nosotros. No hablamos de la empresa. No hablamos de Sergei. No hablamos de lo que viene. Solo estamos. Y eso

