El regreso a Miami no comienza en el avión. Comienza mucho antes, en ese instante en que la ciudad de Tokio queda atrás sin haber terminado de irse del todo. En el trayecto al aeropuerto, observo el reflejo de los edificios en la ventanilla y tengo la sensación incómoda de que algo se está cerrando… aunque no sepa aún cómo evitarlo. Dasha viaja a mi lado, en silencio. No es un silencio incómodo, pero tampoco es liviano. Es el tipo de quietud que se instala cuando ambos saben que están entrando en una zona donde las palabras pueden cambiarlo todo. En el aeropuerto, el mundo vuelve a acelerarse. Anuncios en varios idiomas, maletas rodando, despedidas apuradas, abrazos que se rompen demasiado rápido. Todo funciona como siempre. Todo sigue su curso. Excepto nosotros. Caminamos juntos haci

