El trayecto hasta la oficina del padre de Dasha se me hace más largo de lo que es. No por el tráfico. No por la distancia. Por todo lo que cargo en el pecho. Voy repasando lo que sé, lo que intuyo y lo que todavía no entiendo del todo. Sergei no es solo un hombre violento; es un sistema. Una red de deudas, favores, silencios comprados. Y Dasha… Dasha quedó atrapada en el centro como una garantía viva, como una ficha que otros se pasan sin preguntarse si respira. Aprieto el volante. No estoy acostumbrado a intervenir en la vida privada de nadie. Siempre fui el hombre que resuelve desde afuera, que mueve piezas sin ensuciarse las manos con emociones. Pero esto ya no es solo estrategia. Es personal. Demasiado. No voy a verlo como socio. Voy a verlo como padre. Conozco a Nikolai Steiger de

