QUERER ENTENDER

840 Palabras

La noche no me concede descanso. Me muevo en la cama sin lograr encontrar una posición que apague la insistencia del recuerdo. No es el viaje, ni el cambio horario. Es el beso. Breve, contenido, suficiente para dejarme despierto con una claridad incómoda. Repaso el instante una y otra vez, como si al repetirlo pudiera encontrarle una lógica que no sea peligrosa. No hubo urgencia. No hubo conquista. Hubo algo distinto: una pausa que no conocía, una cercanía que no exigió nada y, aun así, lo cambió todo. Cuando amanece, ya estoy despierto. Me ducho, me visto, bajo al restaurante del hotel con la sensación de haber cruzado una frontera invisible. El lugar es amplio, silencioso, inundado por una luz suave que entra por los ventanales. Mesas ordenadas, murmullos bajos, una calma que parece d

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