Uriel Comenzar a valorar esas pequeñas cosas, esos instantes en compañía de aquellos a quienes amamos, se había convertido en mi nueva obsesión. Era el nuevo motor impulsándome a mejorar cada mañana y tratar, aunque a veces fracasaba miserablemente, de abrirme a las sorpresas, a un dialogo más fluido y a demostrar mis sentimientos de una manera más comprometida. Lorenzo por su parte, también había cambiado, ya no peleábamos como al principio y si por alguna razón, alguna discusión surgía, habíamos encontrado una mejor manera de sobrellevarla, una sin tanto drama y con mucha más diversión. No era tan malo vivir un día a la vez, dejando que el incremento de sentimientos y sensaciones nos sorprendieran. Lo sentía como un enorme aprendizaje, ya que me gustaba la seguridad que sentía al p
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