Lorenzo Desperté sintiendo el intenso calor que desprendía el fornido cuerpo de mi compañero de cama. No tenía idea de que hora era, pero sí sabía que era de día. Tardé unos minutos, ubicándome en el ahora, recordando lo que había sucedido. Con Uriel finalmente nos habíamos dejado llevar, nos habíamos entregado el uno al otro, no solo una, sino tres veces. Al parecer los lobos tenían una buena resistencia. Pero no era momento para pensar en esto, no cuando Azul llegó a mi cabeza. La había olvidado y probablemente ella continua en compañía del demente de Michael. ¿Cómo mierda había sido tan irresponsable de no pensar en mi hija? ¿Y cómo diablos había logrado Uriel que me olvidara de todo excepto de él? Un vicio. Eso era este hombre para mi, un vicio que terminaría perjudicándom

