Alex Abordo el avión que me transporta a Alaska en un viaje de cinco horas donde me reciben poniéndome al tanto de todo lo sucedido y las conclusiones de lo que podría haber pasado. El problema no es tan grande como lo hacen parecer en noticias pero la amenaza de quien sea que lo hizo estaba lanzada. No pude haber estallado sin ser provocado, todas las reservas contaban con un sistema de seguridad imposible de entrar desde afuera y quien lo hizo es alguien que trabaja en el lugar. —Las pérdidas no son muchas, señor —me pusieron al tanto de todo, la molestia no disminuía y el dolor de cabeza que me consumía desde la mañana sólo aumentó la presión volviéndome más irritable con cada ineptitud que se aparecía. La noche estaba por llegar cuando decidí volver a Los Ángeles, la situación