CAPÍTULO 43

1464 Palabras

Los días han transcurrido en una quietud reparadora, como el silencio que sigue a un trueno ensordecedor. Pero el tiempo y, sobre todo, la presencia firme y constante de Eric están actuando como un bálsamo. El hematoma en mi cuello es ahora apenas una sombra amarillenta, casi invisible bajo la piel. He retomado mis turnos en el hospital, y la rutina, la necesidad de concentrarme en otros, es mi mejor terapia. Luego de días con guardias largas, tengo tiempo para. Bajo al estacionamiento del edificio con Ámbar, mi prima y confidente incondicional. El aire es pesado, con ese olor a concreto frío y escape de auto que siempre caracteriza a los sótanos. —Así que, Miami —digo, sonriendo, mientras la miro con diversión. Ámbar sonríe de oreja a oreja y sus ojos brillan con anticipación. —¡Miami

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