Después del canto, los fuegos artificiales estallan en el cielo. El reflejo de las luces se mezcla con el brillo de las lágrimas en los ojos de mamá. Aplaudo, río y la abrazo. Todo parece perfecto. Más tarde, me acerco a mis Nonno. Están sentados en un sofá del jardín, cerca de la fuente. Nonna le riñe a Nonno con ese tono de autoridad dulce que solo ella puede tener. —Giovanny, te dije que no podías comer más de una porción —dice, dándole un golpecito en la mano. Él hace una mueca. —Una más no me va a matar, mujer. —Eso dices siempre —replica ella, y entonces me acerco, sonriendo. —La Nonna tiene razón, Nonno —le digo, dejándole un beso en la mejilla. Él ríe y me lanza una mirada pícara. —Tengo una doctora a mi lado ahora mismo que puede atenderme si es necesario. —Esa doctora te

