Eric golpea la mesa con el puño. El sonido es atronador, y todos se quedan en silencio. —¡Basta, Abuela! —grita Eric; y su rostro está congestionado. —Podría ser otra Angelina —agrega Anne, lanzando el nombre como un cuchillo envenenado. En ese instante, una voz dura, profunda y llena de una prepotencia que hace erizarme el vello, llena el jardín. —Rose no necesita pagar ningún jodido préstamo estudiantil, porque yo tengo el dinero suficiente para pagar los estudios de toda una jodida facultad de medicina, y aun así eso sería una minucia para mí. Todos miramos hacia la puerta que da al jardín. Allí están mis padres, luciendo impecables en ropa casual de diseño, flanqueando a una Holly que lleva una botella de vino y no sabe si salir corriendo o pedir palomitas. La cara de mi madre es

