Y por alguna razón, esa frase llega directamente a un punto vulnerable en mi pecho. Algo que estuvo apretado durante días se afloja un poco. Continuamos hablando. De cosas pequeñas. De cómo he estado en el hospital, de su actual proyecto en el trabajo como decoradora de interiores. De Eric cuando era niño y de algunas anécdotas que me hacen reír más de lo que esperaba. Y en un momento, mientras la escucho, mientras veo la forma en que me mira con una mezcla de cariño genuino y preocupación auténtica, me doy cuenta de algo: esta mujer, la madre del hombre con el que estoy saliendo, no me está interrogando ni evaluando. No está buscando errores ni juzgándome. Está tendiendo un puente. Y eso, después de semanas de tensión, culpas cruzadas y heridas nuevas, vale más de lo que puedo expresa

