POV. Eric. El frío de la camilla de metal parece filtrarse a través del papel desechable, calándome hasta los huesos. Estoy sentado allí, con el torso descubierto, mientras el cirujano jefe, el especialista ortopedista y un par de residentes más revisan mi hombro y mi brazo derecho. Entre ellos, moviéndose con una eficiencia gélida, está la doctora Jordyn, una de las mejores amigas de Rose. Su presencia es un recordatorio constante, un aguijón que se entierra en mi conciencia cada vez que nuestras miradas se cruzan. El médico mueve mi brazo con sumo cuidado, probando los grados de rotación y la resistencia de los ligamentos reparados. —Bien, Eric. Relaja el músculo. No fuerces la respuesta —instruye el cirujano. Intento obedecer, pero mi mente se encuentra a kilómetros de esta consulta

