CAPÍTULO 40

1536 Palabras

La cama se siente deliciosa. El mundo exterior es apenas un suave zumbido, pero mi cuerpo es plomo puro. Me remuevo en la cama, sintiendo cómo los músculos de mi espalda protestan por el golpe del día anterior y, al tragar, hago una mueca de dolor. La garganta se siente inflamada, magullada y como si hubiera tragado cristal triturado. Lentamente, abro mis ojos. La luz tenue, pero constante, del sol ilumina mi habitación. El aire está en calma y el silencio es absoluto. Tardo un momento en darme cuenta de que es casi mediodía; las persianas deben haber sido ajustadas por Ámbar para dejar pasar solo una línea tenue de luz dorada. He dormido más de seis horas seguidas y es un milagro para mi ritmo de vida. Entonces, el recuerdo me golpea con la fuerza de un puñetazo en el estómago. La imag

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