Capítulo 61

2154 Palabras

Unas fuertes arcadas despertaron a Damián, quien preocupado se puso en pie para ir al baño y asegurarse que nada malo le ocurriera a la dueña de las arcadas.  Al entrar al baño la encontró de rodillas al váter vaciando su estómago, con cuidado tomó su cabello y permaneció en silencio sintiéndose culpable. Cuando terminó la ayudó a ponerse en pie, se miraba débil y pálida.  Ella se lavaba la boca mientras el jalaba la palanca del váter.  —Creo que las berenjenas no me cayeron bien —rió débilmente  —Eso parece —dijo él jalándola a su pecho y envolverla en sus brazos  —¿Nos damos un baño?  —Claro —contestó él separándose para ir al lavado y cepillar sus dientes observando fijamente por el espejo cómo se desvestía.  —Lo espero en la ducha, señor D'angelo. Él se apresuró a enjuagar su b

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