Una semana pasó desde que Damián volvió a Moscú, un sentimiento de plenitud era el que abarcaba su ser en esos días, no se había despegado de Irina, iban juntos al trabajo, almorzaban y por la tarde salían a pasear a algún lugar. Poco a poco comenzaban a conocerse, conociendo pequeños detalles, cómo lo eran sus gustos por la comida, el color favorito y lo que detestaban. Compartían también pequeñas anécdotas que de cuando eran unos críos, riendo por la travesuras que hicieron y por los buenos momentos. Habían vuelto al bar donde pasaron la primera noche juntos, bebieron y bailaron disfrutando del momento y terminaron repitiendo en su oficina lo que sucedió la primera vez. —Nunca olvidaré este lugar —dijo él observando la estancia —Ni yo lo he vuelto a ver igual desde ese día —coment