POV. NICOLÓ. La habitación está en penumbra. La única luz que entra es la de la luna, que se cuela por las rendijas de la persiana entreabierta y dibuja líneas plateadas sobre las sábanas revueltas. El reloj de la mesa de noche marca más de la una de la madrugada. He estado despierto durante un rato, quizá demasiado, pero no quiero moverme. No quiero romper este instante. Raven duerme a mi lado, plácida, con el rostro girado hacia mí. Su cabello castaño claro está esparcido como un velo de seda sobre la almohada. Su respiración es suave, acompasada, como una melodía de fondo que me ancla en el presente. Por primera vez en mucho tiempo, me siento en casa. No por el lugar, sino por la presencia y la manera en que ella y yo estamos juntos. Deslizo lentamente los dedos bajo las sábanas.

