POV. NICOLÓ. El silencio me aplasta. Es un silencio extraño, pesado, que se instala entre las paredes como si tuviera peso propio. Llevo horas aquí, frente a este escritorio que parece cada vez más grande, como si la madera se expandiera con el paso del tiempo para recordarme todo lo que no he hecho, todo lo que no puedo controlar. La luz del atardecer entra por las persianas entreabiertas, tiñendo la oficina de un tono dorado que, en cualquier otro momento, habría encontrado cálido. Hoy no. Hoy ese color parece una burla, como si el mundo allá afuera siguiera siendo hermoso mientras el mío se derrumba. El rostro de Raven me golpea la mente una y otra vez, como un eco que no quiere extinguirse. Raven y su voz, esa calma en la que siempre habla y esa forma que tiene de mirarme como si

