POV. NICOLÓ. Me quedo mirando la pantalla del ordenador, pero no veo nada. Las palabras en el documento se desdibujan, como si alguien las hubiera borrado con un trapo húmedo. Intento concentrarme, repito mentalmente que tengo trabajo, que no puedo seguir en este estado, pero es inútil. Mi cabeza no me obedece. Apoyo los codos sobre el escritorio y me froto el rostro con ambas manos. El aroma tenue del café que dejé enfriarse a mi derecha me golpea, ácido y amargo, recordándome que llevo horas en esta silla sin dar un paso productivo. Resoplo. Es un sonido áspero, cargado de cansancio, que rebota en las paredes de mi oficina silenciosa. Han pasado días desde que Raven se fue. Me digo que fue lo mejor. Me lo repito como un mantra cada mañana, cada noche. Es lo correcto, Nicoló. Es lo me

