Marco Ese día me había costado muchísimo concentrarme en los pendientes de la oficina. Sin embargo, a pesar de que una sonrisa de oreja a oreja me delataba, lo conseguí. Ese día me sentía tan feliz, que ni siquiera la mala energía de Roberto y Pablo estaban siendo capaces de sacarme del eje. - Por favor, Marco. Te he dicho una y mil veces que no es así, no tenemos que esperar a ejecutar el contrato para cerrar ese negocio. Con todos los millones que ganaremos, debemos firmar ahora – dijo Roberto mientras firmaba unos papeles, durante la reunión que tuvimos en la sala de juntas al volver de la hora del almuerzo. - Pues por mucho que debamos hacerlo, legalmente no se puede. - Siempre se puede, Marco – ahora sí, mirándome fijamente, al tiempo que se cruzaba de