Nathan.
Mientras salgo del departamento de Annie, no puedo evitar pensar en cuando fue que todo se jodio de aquella manera, recuerdo haber conocido a Annie, haberme convertido en su amigo fiel, y haber estado al margen de ella todo este tiempo.
Y no porque así yo lo quisiera, no porque Annie no me pareciera guapa o no fuera capaz de verla como una mujer, sino todo lo contrario, por ella, por sus barreras y todo lo que ha interpuesto siempre entre ambos, siempre que intento decirle algo importante, ella solo se da la vuelta y a la menor oportunidad ya está contándome de su próximo ligue.
Como si lo hiciera para hacerme daño, como si su misión en la vida fuera tratar de confundirme con sus actos contradictorios.
No la entiendo, realmente no lo hago y aunque me jode no hacerlo sé que ni ella misma se entiende muy bien a veces.
Annie es la persona más difícil en el mundo, ella te quiere cerca, pero no tanto, quiere atención, no demasiada, pero si le das menos entonces todo se va al demonio, es una chica realmente complicada, y me refiero a realmente complicada en todo el sentido explícito de la palabra.
Esa chica va a joderme la vida, aunque si soy sincero, siempre lo he sabido, lo supe desde aquel día en que sus ojos se aparecieron en mi camino, desde aquella primera vez en que con todo el descaro del mundo me presumió sus curvas mientras batía su cabello en el aire.
Siempre supe que ella me iba a dañar la cabeza, siempre lo supe y a pesar de eso decidí ir adelante.
No sé si por un impulso estúpido, porque ella realmente me atrapo con su encanto, o si se trata de algo más allá, algo menos carnal y más espiritual, a veces creo que Annie es mi alma gemela, sin embargo jamás le diría eso, ella es demasiado escéptica como para no burlarse de mi al decir algo parecido.
Sin embargo es lo que creo, ¿Por qué que somos si no? Considerarnos un error no lo veo como algo justo, como una casualidad, tendríamos demasiada suerte de ser así, Annie es mucho más que toda esa mierda, y algo me dice que mi destino fue siempre cruzarme con ella.
No sé si para amarla, protegerla, o simplemente para complicarme la vida.
Pero ya son cinco años, realmente no quiero esperar más, quiero que deje de darme señales confusas y me diga de una vez si nos lanzamos al ruedo o no, necesito que deje de jugar conmigo, y con Natalie, este tire y afloja me está sumergiendo en algo que no me deja tranquilo, en algo que me acelera el pecho y de vez en cuando me quita la respiración.
Pero es que yo tampoco soy lo suficientemente valiente como para proponerle algo, no lo soy, porque ella nunca ha dejado que lo sea, ella siempre termina silenciándome con una mirada altanera, siempre termina dándose media vuelta mientras centra su atención en algo que pretende más importante que lo que yo le he dicho.
Es por eso que no dejo a Natalie, porque Natalie es un poco más normal, un poco más estable y es algo más parecido a una relación real, con Natalie no tengo que adivinar absolutamente nada, Natalie simplemente me grita en la cara y de ser necesario me da puñetazos en el pecho, a veces siento que Natalie es más tangible, porque Annie… A ella ciertamente ya no sé cómo más describirla.
Quizá como un acertijo, si, uno hermoso, jodidamente atractivo y cargado de pólvora esperando explotar en cualquier momento.
Con Natalie no tengo esa sensación de vértigo cada vez que estoy a su lado, con Natalie es todo un poco más sencillo incluso aunque ella también me complica la vida con sus celos psicópatas, y no es que la culpe por aquello, después de todo cada uno de sus reclamos tienen una justificación, no son infundamentados, porque yo los he plantado en su cabeza y de eso me siento totalmente responsable.
-¡Mierda!- Exclamo mientras veo el embrollo en el que estoy metido, siento que necesito un trago, necesito beber de algo amargo que deje de confundirme el rostro de Annie, tengo que sacarla de mi cabeza, sin embargo por más que intento no consigo una manera para hacerlo.
Nunca había necesitado olvidar a una mujer, nunca me había visto en la obligación de pensar en otra cosa para no recordar su nombre, las mujeres de una noche, eran justamente eso, algo de una noche y ya estaba.
Y aunque Natalie era mi novia, nunca me veía pensando demasiado en ella, ella era solo un habitante de mi mundo que de vez en cuando me lo desordenaba, pero nada más, sin trasfondo, sin profundidad y sin cosas que me hicieran confundirme.
Y me gustaría pretender que no es por Annie, realmente me gustaría sentir que ella no es nada más que la amiga incondicional que ha sido todo este tiempo, pero cada vez es más difícil fingir algo que se me sale por los ojos, cada roce intencionado, cada caricia que parece ajena, cada una de aquellas cosas me regresan a Annie.
A una Annie que no quiero perder, a una a la que no quiero dejar de llamar amiga, una sin la que asusta vivir.
Porque la verdad es, que el hecho de imaginarme sin ella, es algo casi insoportable, esa chica se coló en mis entrañas, y siento que ya no hay manera de sacarla.
O de volver atrás.
Si tan solo ella me hiciera las cosas más fáciles, si tan solo me dijera lo que siente realmente y dejara de jugar conmigo, entonces quizá todo podría ser diferente.
-¿Qué haces aquí?- Le pregunto a Natalie mientras entro en el departamento y la veo acostada sobre mi cama.
-Vine por la reconciliación- Señala con diversión.
-No puedo, estoy cansado- Miento.
-Supongo, vienes de donde ella, ¿No es así? - Pregunta con rabia.
-Si, pero no ha pasado nada de lo que supones, deja la paranoia, y creo que deberías volver a casa.
-Estoy en casa.
-A tu casa- Sentencio mientras ella me mira con el ceño fruncido.
-Pensé que esta también era mi casa, pensé que tus cosas y tu espacio eran mías, así como las mías son tuyas- Comienza a parlotear.
-No vivimos juntos.
-Entonces hagámoslo, ya estamos grandecitos, creo que es hora de dejar de jugar.
¡Bingo! Natalie ha dado en el clavo, quiero dejar de jugar, pero no con ella, si no con Annie, quiero dejar de ser parte del ajedrez con el que ella juega cuando esta aburrida, quiero dejar de ser su bufón, no somos solo amigos, y ella lo sabe.
Los amigos no duermen en la misma cama, las amigas no le chupan la polla a sus amigos, los amigos no se aman, quizá ella ha dejado de ser mi amiga hace mucho tiempo, solo que hasta ahora soy capaz de verlo de esa manera.
-Nati, no podemos vivir juntos.
-¿Por qué no?- Los ojos de la chica frente a mí son una mezcla extraña de emociones, parecen tristes, pero a la vez cargados de furia, no sé qué pensar a cerca de lo que ella va a hacer, si va a golpearme con el tacón que lleva puesto, o si va a ponerse a llorar.
Y realmente espero que me golpee, nunca he sido bueno consolando a las personas, por lo menos no a ella.
-¿Es por Annie, no quieres vivir conmigo por ella?- Natalie ha empezado a bajar la guardia, y aquello no me gusta nada.
-No, ya te lo he dicho, ella es solo mi mejor amiga.
-Mejores amigas mis tangas, Nathan- Suelta y no puedo evitar reírme del comentario, mientras ella hace lo mismo, solo que muy bajito, como si no quisiera que la escuchase.
Verla allí, encima de mi cama, con las piernas cruzadas, la mirada triste y en su posición más sumisa, me recuerda porque sigo con ella, porque aun la mantengo a mi lado a pesar de Annie, no es que odie a Natalie, y tampoco pretendo herirla.
-Si entiendes que ella lo único que hace es usarte, ¿Cierto?
Suelto un bufido cargado de exasperación, Natalie tiene razón, para Annie no soy más que parte de sus utensilios.
-Si, lo sé- Me desplomo sobre la cama.
-Ella no te ama.
-Ni yo a ti tampoco, Nati.
-Eso lo podemos arreglar- Natalie se sienta sobre mí, pone sus manos en mis mejillas y comienza a besarme, como si de esa forma todo fuera a cambiar.
Como si la vida fuese a ser diferente después del sexo.