Ya era la mañana de navidad, y cada uno durmió en una habitación diferente. Michael fue el primero en despertar, pero la casa estaba muy silenciosa, así que decidió no despertar a nadie y dejarlos descansar un poco más. Michael comenzó a preparar un desayuno para sus amigos y el aroma atrajó a Shelly como un ratoncito a la flauta de Hamelín. SHELLY: Huele delicioso… ¿Qué es? MICHAEL: ¡Ah! Solo son unos waffles, huevos, tocino y salchichas. SHELLY: ¡Ay! Ya se me abrió el apetito… MICHAEL: Bueno, ya casi está… Pero no quiero despertar a James… SHELLY: Iré a ver si ya anda levantado… Cuando Shelly se acercó a la puerta de la habitación donde James se quedó, no lograba escuchar si los sonidos provenían de su cuarto o de la cocina, así que decidió abrir la puerta para asegurarse, pero