Daniel y Rita se encontraban reunidos con Garen, la matriarca y el padre de Daniel. El ambiente en la estancia era grave; el aire parecía cargado de una urgencia silenciosa. Sobre la mesa de piedra había mapas extendidos del bosque de Yara, marcados con símbolos antiguos y anotaciones recientes. —Hemos escogido a varios guerreros expertos para que os acompañen —anunció Garen con voz firme. El padre de Daniel dio un paso al frente. —He preparado un antídoto mejorado, por si sois atacados por los Kiribati. Estoy seguro de que en el bosque de Yara aún quedan más de esas criaturas. Daniel frunció ligeramente el ceño. —¿Sabes cómo matarlos de forma rápida? —La forma más eficaz —respondió sin titubeos— es cortarles la cabeza. Cualquier otro método solo los ralentiza. Rita señaló uno de lo

