Después de terminar su entrenamiento, Katherine se sorprendió al ver a Daniel esperándola fuera de la sala. Su rostro se iluminó al verlo. —¿Quieres dar un paseo o estás demasiado cansada para eso? —preguntó él, con la calma y seguridad que siempre lo caracterizaba. Desde que habían llegado a la aldea, habían tenido tan poco tiempo juntos que, a pesar del cansancio, Katherine aceptó la invitación. Quería aprovechar cada instante con él y sabía que, si regresaban a la habitación, terminaría dormida antes de poder disfrutar de su compañía. —¿A dónde piensas llevarme? —preguntó, medio en broma, medio curiosa. —Por ahí —respondió Daniel, encogiéndose de hombros. —Guíame —dijo ella, confiando en él. Tomando su mano con suavidad, Daniel la condujo hasta los establos. Ensilló su caballo con

