Más carcajadas se escuchan. —Perdona a Viena, Ivanna. No fue su culpa. En todo caso fue mía por sacarlos de la rutina. —Ah, no, Aston. No vas a salir en defensa de tu hermana. ¡Casi me mata! Exagero porque, además de que me sirve para expulsar esto que sentí por no saber qué pasaba, en general nos gusta ser así de intensos. —Y eso hubiera sido un dilema, ¿verdad? Le gruño. Pero es más una media sonrisa. —¿Quieres estar en mi lista negra tú también, Myers? La risa ronca de Aston me hace sentir como si estuviera con ellos en casa. —Siempre me he librado de estar ahí, prefiero tu lado bueno. —Pues no provoques el malo, cariño. ¿Ya puedo hablar con la potencial homicida? Quiero saber qué ha hecho mi pequeño hoy y si le fue bien en la guardería. Aston resopla, puedo escucharlo y sonr

