UN AÑO DESPUÉS Cuando el rey Colin Vark decidió abandonar su castillo para ocupar el palacio de sus enemigos recién derrotados, no lo hizo sólo por las ventajas que traía un terreno mucho más grande y prospero que el suyo, sino porque disfrutaba de pensar en que iba a estar ocupando el trono que tanto odió por tantos años, el trono del cual Balder Bloodmoon se ufanaba tanto, pues nunca tuvo reparo en alardear de su poder y riqueza ante otros reinos que él consideraba inferiores, especialmente el de sus vecinos del reino Varkolak, a quienes les sacaba en cara tanto como podía que su linaje no era puro como el de los Bloodmoon, quienes sí descendían directamente de los reyes Lycan más poderosos de la historia. Al final, su linaje no le sirvió de mucho, pensaba Colin Vark mientras
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