—Debes controlarte, señorita —dice Petrona a Petra—. La esclava está ganando mucho terreno gracias a su serenidad y persistencia. No podemos permitir que siga aquí o nuestros planes irán a pique y su padre… —¡Ya lo sé! No es necesario que me lo recuerdes todo el tiempo —Petra entra al baño para verificar su sangrado—. Por ahora, lo más urgente es que vayas con la doctora, Petrona. De la esclava nos ocuparemos después. Petrona asiente y sale de la hacienda tomando el camino que lleva hasta la carretera, donde toma un taxi para ir hasta la doctora. Uno de los guardias de Gage la sigue desde cierta distancia. La mujer llega unas horas después y la doctora le da la receta con la advertencia de que la enfermedad de Petra ya no tiene solución, que lo único que puede hacer por ella es aliviar