POV. EMILIA —al día siguiente— Despierto lentamente, como si emergiera desde muy lejos. Como si saliera de un trance… de un hermoso sueño. Y en ese sueño… Francisco me besa. No es un beso ruidoso, torpe o inesperado. No. Es un beso que empieza antes de tocarme. Un beso que nace en su mirada, en el modo en que su respiración roza la mía, como si el mundo entero se hubiera inclinado para acercarnos. En mi sueño, sus labios bajan despacio, rozando los míos apenas, como quien prueba la temperatura del agua antes de sumergirse. Su boca es cálida, firme, segura… pero paciente, como si quisiera memorizarme. Sus dedos me sostienen la nuca, y su otra mano se queda en mi cintura, pidiendo permiso sin soltarme. Nos movemos suave, sincronizados,como si lleváramos años aprendiendo el mapa del o

