Erika estaba atravesando un momento extraño, curioso y un tanto cómico. — No puede hacerlo, no importa lo que haya pasado hallaré una solución — anunció Fausto — aún no sé cómo, pero le prometo… — subió la mirada y notó la expresión de confusión en el rostro de Erika. Ella miró hacia abajo, sintiendo la cercanía de sus rostros y los brazos que le envolvían la cintura — alteza…, ¿qué está haciendo? Fausto no pudo creer la pregunta, ¿qué hacía?, eso era obvio — evito que cometas una locura, yo… Erika sostenía una regadera con la mano izquierda y siguiendo la mirada, Fausto notó la maceta que colgaba del techo, las ramas que bajaban goteaban levemente, indicativo de que las plantas acababan de ser regadas. Después miró el barandal. Había un principio importante a considerar, para evitar

