Los rayos del sol ya no entraban por la ventana, era el mediodía y las sombras las cubrían. Teresa se limpió el rostro con un pañuelo y Erika permaneció a su lado. Aunque había muerto varias veces, sentía que aún no había experimentado la muerte como tal. Cada vez que ese momento se acercaba, sentía que era arrebatada de su cuerpo, hundida en un pozo sin fondo y llevada de vuelta a su cama. Fue así desde el comienzo, cuando ella y Fausto se lanzaron del puente, Erika recordaba la caída, pero no el golpe. Estando en el calabozo sintió un fuerte dolor de estómago y su garganta ardía, pero la muerte fue como quedarse dormida. La puñalada de sir Gael dolió, pero no tanto como imaginó, su cuerpo se adormeció y su regreso a la cama fue suave. Las dos flechas hirieron su corazón, pero después d

