[ASLI] 26 de enero, 2019 El desayuno en casa de los padres de Brandon no es tranquilo ni silencioso. Es caótico, cálido y ruidoso. Las manos se cruzan por el pan, el frasco de mermelada pasa de un lado a otro, alguien pide el café, otro reclama la mantequilla. Todos hablan a la vez. Yo sonrío. Respondo. Asiento. Pero mi mente sigue en otra parte. La propuesta de Brandon pesa en mi pecho más que la taza de café que sostengo entre las manos. Me encanta despertar a su lado. Me encanta su forma de tocarme, de mirarme, de pronunciar mi nombre como si fuera algo suyo. Pero convivir… convivir es otro nivel. Es rutina. Es realidad. Es permanencia. Y llevamos menos de un mes. —Asli, ¿me escuchas? —pregunta su hermana. Levanto la mirada de inmediato. —Sí, perdón… me distraje. ¿Qué decías?

