Natalia La única e inigualable María. Me miró con una rabia indomable, como si yo la hubiera maldecido. —¿Quién eres tú? —pregunté, fingiendo que no la conocía. ¿Cómo habían llegado las cosas a este punto? Ahora me enfrentaba a la única mujer que no quería ver. Si tan solo no me hubieran asignado a la manada Escarlata. Ella soltó una risa áspera, con los ojos enloquecidos de fastidio. —No te atrevas a fingir, Lea. Te conozco. No has cambiado ni un ápice, ¿verdad? Así que no había sentido intentar desescalar la situación. —Sí —dije simplemente—. Soy yo. Ahora soy Natalia, María. ¿Y a ti qué te importa? —¿Quién iba a pensar que aún podías estar viva, maldita perra? —se burló María, echándose el cabello hacia atrás. Seguía luciendo tan mimada como siempre, altanera y mirándome de arr


