Capítulo 8

797 Palavras
  Punto de vista de Cecilia   El viernes por la mañana, el taller llamó para avisar que mi coche estaba listo.   Después de recogerlo, pensé en llamar al caballero, Liam, pero recordé el traje. Le había dicho que lo limpiaría y se lo devolvería...   Después de pensarlo un segundo, marqué. Le conté que el coche ya estaba arreglado, le pasé los datos del arreglo y agregué: "¿Y sería raro si pregunto la talla de tu jefe?"   La idea era simple—como el traje era de conjunto, quería comprarle uno igual. Él me había hecho el favor al prestármelo; lo mínimo era facilitarle la vida al devolvérselo.   Liam: "..."   Esperé un rato sin respuesta.   Tal vez tuvo que consultarlo.   No le di más vueltas.   En la siguiente esquina, la gerente de finanzas me llamó para revisar unos datos.   Mi herida en la frente casi había sanado, así que di la vuelta y conduje a la oficina.   Después de tanto tiempo fuera, apenas entré, mi equipo vino en manada, entre preocupaciones y preguntas.   Todavía no les había dicho que renunciaba. Solo de pensarlo me daba pena por ellos—de nuevo tendrían que adaptarse a otro jefe.   Después de reunirme con finanzas, volví a mi oficina y pasé la tarde poniéndome al día con el trabajo acumulado.   Ya al caer la tarde, redacté mi carta de renuncia, lista para dársela a Xavier antes de irme.   Pero justo antes de terminar el día, escuché algo que casi me hizo atragantar el café. Estaba en la sala del dispensador de agua.   "Dicen que la cuarta hija del Alfa del Shadow Manada, Cici White, empezó hoy aquí. Y la pusieron en la oficina del Alfa."   "¿Será que el Shadow Manada y el Blood Moon Manada están armando una alianza de apareamiento?"   "No olvides que la jefa Cecilia es su pareja. Si él se vincula con Cici, ¿qué pasa con ella?"   Todos callaron un momento, se miraron entre sí y luego suspiraron. Volvieron a sus cafés y a chismear sobre lo descarada que era Cici, mi mala suerte y lo patético que era Xavier.   Yo estaba justo afuera, oyéndolo todo.   Regresé a mi oficina con la taza vacía, me senté por un momento, sin pensar en nada, y agarré la carta de renuncia. Me fui directo arriba.   Mejor arrancar la tirita de una vez.   Ya en el piso ejecutivo, Beta Henry se me vino encima, nervioso.   "Luna Cecilia, el Alfa está en reunión. No es buen momento."   Le asentí con cara de entendimiento y di media vuelta. Pero en cuanto se relajó, me giré y fui directo a la puerta.   Tomé la manija, la giré y empujé fuerte.   "¡Ah—!" se oyó un grito agudo desde adentro.   Cici, apenas cubierta con una toalla, estaba pegada a la espalda de Xavier. El portazo la hizo dar un salto.   La sonrisa de Xavier se congeló en el acto.   Beta Henry se quedó blanco, cubriéndose los ojos. "Estaba moviendo documentos, sudó, y... se duchó. No quería que malinterpretaras, por eso te dije que estaba ocupado."   Le lancé una mirada entre burla y pena ajena.   "Beta Henry, el mejor de tu clase... ¿y ahora sirves de celestino? Qué decepción."   Lo esquivé y entré.   "Cecilia, ¿qué pretendes? Eres solo una gerente, ¡no puedes irrumpir así en la oficina del Alfa! Estás despedida, ni vengas mañana."   Fui al escritorio, dejé la carta y contesté tranquila: "Ya te dije que renuncio. Mañana empiezo a organizar la entrega."   Xavier no me miró a los ojos. "Haz lo que quieras," murmuró.   "Perfecto." Respondí breve, y luego miré de ella a él, con una sonrisa torcida.   "Por favor, continúen su 'reunión'." Escupí la palabra como si me quemara la lengua.   Apenas di dos pasos, la voz chillona de Cici me detuvo.   "¡Que sigamos o no es problema nuestro! ¿Cecilia, quién te crees? Xavier ya no te quiere. Me quiere a mí. La que sobra aquí eres tú—"   "¡BASTA!" rugió Xavier, cortándola.   Respiré hondo, conteniéndome.   Me enderecé y di media vuelta.   "Déjala hablar. Quiero ver hasta dónde llega la caradura de la hija del Shadow Manada." La miré fija. "Lo ames o no, sigues siendo la amante. Y con solo estar yo aquí, ¿ves? Puedo sacarte de las sombras cuando se me antoje. ¿Te queda claro?"   "¡No te atrevas a llamarme barata!"   Furiosa, Cici se me lanzó encima.   Le metí un bofetón rotundo. Se vino otra vez, le arranqué la toalla y la empujé con fuerza.   Antes de que pudiera hacer algo más, Xavier me jaló con fuerza.   Tropecé, mi espalda golpeó el borde del escritorio, y un latigazo de dolor me recorrió toda la columna, dejándome sin aire por un segundo.
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