Capítulo 2. El secreto.

1702 Words
Esa misma noche, Bianca llegó a su pequeño departamento cerca del centro, había tenido suerte en encontrar un lugar para rentar tan cerca de su trabajo, no era demasiado grande, o el mejor sitio, pero estaba bien. Dejó sus cosas y fue por un vaso de agua, se limpió los labios con la palma de su mano y fue al baño donde tenía sus cosas para su otro trabajo, se metió a bañar y se alistó como de costumbre. Se puso un maquillaje que ya tenía practicado, una peluca, unas lentillas de color azul y aquella ropa que solo podía usar durante la noche, se miró al espejo y se sintió satisfecha. Bianca había trabajado por casi un año como sadomasoquista en un club clandestino, prefería dominar que ser dominada, y no era un trabajo tan malo, le gustaba tener el control, ver a los hombres arrodillarse a sus pies, los gustos de ciertos hombres eran…curiosos. Bianca tenía reglas, cuidaba su imagen, así que jamás mostraba su rostro, sin importar cuanto insistieran, usaba un antifaz que ella misma había elaborado, cuidando cada detalle para evitar accidentes, no solo eso, jamás tenia sexo con los clientes, los complacía de otros modos, podía escucharlos, ordenarles, golpearlos si eso era lo que querían, y si en verdad querían sexo, ella los mandaba con las chicas que hacían ese tipo de trabajos, todos ganaban. Ella no era Bianca en ese mundo. Era Nyx, impecable, segura, elegante, una sombra seductora con antifaz. Una mujer que no improvisaba, que no tropezaba, que jamás sería vista como “descuidada”. Había encontrado algo en lo que era buena, su espacio, donde ella reinaba. Estacionó en la parte trasera, una vez que estuvo segura de que nadie la veía, se puso el antifaz y salió del auto, caminó a paso rápido y entró por la puerta trasera, el guardia la miró y asintió. —Bienvenida Nyx. Bianca caminó con elegancia hasta la barra de aquel club, había algunos clientes, nadie importante. —Hola, ¿Tengo cliente esta noche?. —Si, aun no llega, pero ya está confirmado. —Bien, estaré esperando—Dijo ella para ir a la habitación que era de ella, entró y acomodó todo, había un sofá de cuero negr*o, una cama con sábanas rojas de seda y una luz roja que iluminaba todo de un modo sensual y misterioso. La primera vez que Bianca dio una orden, se sintió raro, pero al ver que nadie la cuestionaba y que harían cualquier cosa que ella dijera, la hizo sentir, poderosa, aprendió a tener el control. Así que no entendía, porque cuando estaba delante de su jefe, sus manos siempre temblaban. ……….. La fachada del club no tenía nombre. Solo una puerta negra, discreta, que parecía devorar la luz de aquel callejón. Tyler se detuvo frente a aquella puerta, respirando el aire frío de la noche como si necesitara armarse de valor antes de cruzar el umbral que conocía demasiado bien. No era su primera vez ahí. Pero sí la primera vez, desde que su antigua pareja lo había dejado. Tyler tenía un pequeño secreto que mas que hacerlo sentir avergonzado, lo hacía sentir, pleno, pero las personas jamás lo entenderían, las personas solo juzgan y señalan, Tyler lo sabía perfectamente, así que, se mantenía al margen. Por casi dos años, estuvo con una pareja, jamás quiso algo parecido al amor o tener una relación estable. Eso no era para él, estaba convencido de que jamás iba a necesitar de eso a lo que llaman amor. Lo que él quería iba mas allá, desde muy joven sintió esa gran necesidad de ser dominado, de seguir las órdenes de una mujer, eso lo excitaba bastante. Pero su última dominante, quería tener algo estable con él, al negarse, ella lo dejó, Tyler no la detuvo o le suplicó qué se quedara, si ella ya había tomado una decisión, él la respetaba. Mientras esperaba que el guardia lo dejara pasar, una punzada de nostalgia le apretó el estómago. No por su antigua pareja… sino por la rutina. Por la estructura. Por la sensación de que alguien sabía exactamente qué hacer con él. Control en el día. Entregarse totalmente en la noche. Era la única ecuación que jamás había podido resolver. Y le fascinaba, lo alentaba a volver por mas. Cuando la puerta se abrió, la música tenue y los tonos rojizos del interior lo envolvieron con un abrazo casi íntimo. El club no era vulgar ni ostentoso, era elegante, silencioso, lleno de sombras que parecían observar sin juzgar. Tyler avanzó por el pasillo alfombrado, notando cómo la tensión de sus hombros empezaba a aflojarse. Aquí nadie lo veía como el CEO imponente que era en el trabajo, como un hombre que nunca podía fallar. Aquí era simplemente… un hombre que necesitaba algo al igual que todos los caballeros que estaban en aquel lugar. Muy pocos sabían de la existencia de aquel club, pero quienes lo conocían, sabían exactamente los servicios que ofrecían en aquel lugar Un anfitrión se acercó, inclinándose apenas. —Su cita lo espera en la sala privada —dijo con voz suave, Tyler fue un cliente habitual, los empleados mas viejos ya lo conocían, adinerado, guapo, cualquier chica querría servirle, pero Tyler fue especifico con lo que quería, y solo una chica se ajustaba a sus gustos. Tyler asintió, aunque el corazón le latía más rápido, saber que pronto iba a conocer a su nueva dominante lo hacía sentir extasiado. Al llegar a la sala privada, su mano se detuvo en la perilla, dudó un poco y luego se armó de valor, abrió la puerta y la luz tenue permitió que sus ojos la encontraran de inmediato. Su elegancia lo descolocó, no era la típica dominante del lugar, mas bien, ella parecía no encajar en aquél sitio, era como si aquel lugar le quedara demasiado pequeño. Nyx era precisa, sutil, controlada. Un misterio vestido de seducción. El antifaz cubría la mitad superior de su rostro, las lentillas de un azul helado daban una mirada casi irreal, y la peluca negra caía sobre su espalda como un velo nocturno. Pero lo que realmente lo atrapaba era su postura, recta, firme, tranquila. Nyx estaba ahí, inmóvil, esperando poder estudiar al nuevo cliente, y cuando sus ojos se toparon aquellos ojos conocidos, su ritmo cardíaco se disparó por los aires. Esto era imposible. Las piernas de Bianca temblaron, sentía que estaba alucinando, se dio la vuelta y parpadeó con fuerza, lo miró una vez mas y entendió que no era una ilusión. Era su jefe, era su maldito jefe el que estaba ahí. Tyler sintió cómo su pulso bajaba, ella aun no le daba órdenes y él ya se rendía. —¿Puedo pasar?—Preguntó él con aquel tono de voz que Bianca nunca antes había escuchado, sumiso. —Pasa y cierra la puerta—Ordenó ella, aun con el corazón latiéndole fuerte. Tyler cerró la puerta y se quedó ahí de pie, esperando. —Soy Nyx, antes de empezar, hay que poner reglas, y límites, ¿Te parece bien?. Tyler asintió. Ella lo invitó a sentarse y él fue obediente, Bianca aun estaba procesando aquella situación. Él ya estaba ahí, no había vuelta atrás, estaba pagando bien, así que su trabajo empezó, tuvo que respirar hondo y dejar de lado todo lo que ella se había forjado sobre él, aquí él no era su jefe, aquí él no era mas que un cliente mas, un cliente satisfecho, es un cliente que pagará lo que sea. Tyler permanecía quieto, atento, como si cada movimiento de ella fuese una orden silenciosa. —Necesito saber si entiendes dónde estás y qué estás pidiendo—Dijo ella caminando con elegancia hasta él. Tyler siguió su movimiento con los ojos, pero ella chasqueó los dedos una sola vez. —No me mires cuando te hablo. Él bajó la mirada de inmediato. El simple gesto le produjo un hormigueo involuntario en el pecho, era fascinante, justo lo que quería y necesitaba. Bianca se detuvo tras él, Tyler era guapo, tenia ese porte de rey, esa elegancia única, ella siempre quiso admirarlo de cerca, pero no podía sostenerle la mirada, se inclinó hasta quedar cerca de su nuca, tan cerca que él pudo sentir su respiración. Tyler tragó saliva. —Yo no ofrezco compañía —susurró ella—. Yo dirijo, guío, moldeo. Y, si cumples, tu y yo, nos llevaremos bien, quiero claridad desde el inicio. Tyler cerró los ojos, absorbiendo cada palabra, saboreando esa dulce sanación dejada dentro de él. Ella pasó la mano por su hombro, lenta, firme, como quien evalúa algo que podría reclamar. —Regla número uno, aquí no hay emociones románticas. No las busques, no las interpretes, lo nuestro es un pacto de control y entrega. Él asintió, con la voz atrapada en la garganta, era justo lo que quería. —Regla número dos, obediencia inmediata, no porque te someto… sino porque tú lo necesitas. Si hay algo que no puedas hacer, me lo dices antes, no después. Bianca se movió frente a él. Sus ojos lo atravesaron con una intensidad casi eléctrica. —Regla número tres, tu palabra de seguridad será, Alfa. Si la dices, nos detenemos. No porque seas débil… sino porque la comunicación es parte del poder. Tyler alzó la mirada un instante, solo para encontrarse con el brillo calculado en los ojos de ella. Bianca no lo reprendió; quería ver exactamente cuánto necesitaba este momento. —¿Lo entiendes? —preguntó ella, bajando el tono. —Sí —respondió Tyler, apenas audible. Bianca levantó su barbilla con un dedo. —No Tyler, aquí no quiero dudas, quiero certeza, ¿aceptas mis reglas?. El aire parecía no alcanzar. Todo en él gritaba sí, desde la piel hasta el pulso acelerado, respiró despacio. —Las acepto —dijo, esta vez firme. Bianca sonrió, apenas, una curva pequeña y peligrosa. —Bien, entonces, desde este momento… —colocó su pulgar sobre sus labios, marcando el límite entre su voz y el silencio— …eres mío para moldear. Tyler sintió cómo el mundo se reducía a esa frase. Y supo que era exactamente lo que había venido a buscar.
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