Al día siguiente: 7 de noviembre Siento sus manos moviendo mi cabello hacia un costado y no me queda más que abrir mis ojos —Bella durmiente, que ya ha amanecido. — Me dice bajito y besa mi espalda. —Mmmm aún es temprano. — Me quejo y agarro la punta de la sabana que me cubre hasta la cintura y la jalo hasta que lo cubre incluso a él. El sonido de su risa por la mañana es sin dudas música para mis oídos. —Lara, ¡que yo estoy aquí!— Se queja y vuelve a destaparnos. —¿Qué hora es? — Pregunto algo dormida. —Las nueve. — Responde de inmediato y se que en tres horas debemos estar en la locación. Lentamente me doy la vuelta hasta quedar acostada de lado y lo miro con una sonrisa en mi rostro —Debo confesar que me duele un poco la cabeza. — Confieso bajito. Recién en estos momentos me pe