No sé cuánto tiempo estamos en la cama. Peor luego de lo que hemos vivido no es como si quisiera alejarme de su cuerpo tibio que me reconforta. Había actuado en contra de Marian cuando vi claramente que Azrael iría por el secuaz de la mujer. Mi intención era solo someterla, pero forcejeamos y ella iba a dispararme, así que no tuve alternativa y en el fondo no siento ni pena ni lástima por una mujer que hizo la vida de sus hijos. Una mano se posa en mi brazo y se mueve de arriba hacia abajo con suavidad y suspiro antes de estirarme y dar media vuelta para encontrarme en los brazos de Azrael. Esos es lo que me dije mil veces que no regresaría. —¿Cómo te sientes? —Inquiero en tono bajo. Sus ojos grises me escudriñan y suelta un suspiro pesado. —¿Sería un maldito miserable si digo que sien

