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Tentación Prohibida (Amor en tiempos de mafia II)

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Blurb

Si Adeline hubiera tomado una decisión diferente en el pasado, tal vez, ella no estaría en Tokio y su suerte no estaría cambiando ahora.

Reencontrarse con Félix, no estaba en sus planes. Diez años después, el amor que la destruyó en el pasado, ha vuelto para destruir su presente. Eso es lo que ella piensa, pero para Félix es diferente. No estaba en sus planes ver de nuevo a Adeline.

Él se ha convertido en un mafioso peligroso y ella en una periodista ¿Qué tienen en común?

Hay rastros de un amor viejo, pero Hiroshi, el mejor amigo de Félix e hijo de su jefe, también la quiere a ella.

¿Matará para tener devuelta a Adeline? o ¿La dejará ir como hace diez años?

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Sus manos están por todas partes, pero nada hace que me sienta excitada. No puedo creer que esté haciendo esto. —¿Te gusta? —pregunta con la voz entrecortada. —Si. —Él se ha quitado toda la ropa, yo aún tengo puesta la camisa y el sostén. No sé qué demonios hace. Pasamos más minutos ahí, él tratando de darme placer para mojarme, pero confieso que no lo ha logrado. No sé si es el momento que se salió de control, estábamos tomando unas cervezas en la sala, y terminamos en su cama. Creo que llevamos más de media hora en la cama y aún no logra hacerme sentir nada. —Mierda, no puedo. —levanto la cabeza para mirarle. —¿Cómo que no puedes? —Frunzo el ceño. —No se me para. —se baja de la cama y se sienta en el sofá que está cerca. Me siento en la cama y siento la necesidad de cubrirme, aunque la luz es tenue, no puede mirar mucho. Pero como parece que se nos ha quitado lo cachondo, ahora se siente raro. —¿Cómo que no se te para? —pregunto inocentemente. —Si, no he podido meterlo, porque no se me para. He intentado de todo. —Por eso tardaba tanto, creí que era por el condón. Pensé que no sabía ponérselo. Pero es raro, porque el tipo me lleva diez años de diferencia. Debería ser todo un experto. Cierro los ojos y suspiro. —Ha sido tu culpa, me has puesto trabas desde el inicio. —le miro como si se hubiera vuelto loco. —¿Mi culpa? ¿solo porque no te dejé hacerme un oral? —no estaba aún lista para ello. —Intenté desde el inicio tocarte, y te rehusabas —bueno eso sí. Pero era porque tenía tres años sin tener sexo de nuevo. No me lanzaba por nadie, tenía propuestas, pero no conectaba con ninguno. Mi amigo Roy, me decía que no metiera el amor con el sexo. Pero no podía. Necesitaba una conexión más allá de lo carnal, ya saben una charla inteligente, eso dista de ser un chico inteligente y seguro de sí mismo, no podía irme a coger con un tipo que solo me lo proponía y ya. Para eso descargaba mejor Tinder, aunque no estaba de lejos en llegar a eso. —¿Y eso impidió que se te parara? ¡Ay por dios! —estoy buscando mis bragas y pantalones para irme, no pienso pasar ningún minuto más con este idiota. —Nunca me había pasado. —Lo dice, como si en realidad yo tuviera la culpa de esto. —¡A mí tampoco! —Replico. Estoy molesta. Debí de haberlo rechazado desde esa vez que me dijo que lo hacía con mujeres casadas, y que duraba mucho tiempo. Lo sé, era un casanova egocéntrico. Nunca me fío de los que hablan maravillas de lo que hacen en el sexo, porque al final resultan que son precoces o la tienen chiquita, o en mi caso que ni se les para. ¿En qué estaba pensando? Odiaba de esos. Todo por hacerle caso a Roy, fue su culpa. Igual el tipo había estado insistiendo mucho desde la última cita, donde yo ya estaba huyendo. Pero me animé, igual quería ver que tal era estar con un tipo que te llevaba diez años de diferencia, esperaba algo mejor que esto. Los vibradores hacían un mejor trabajo que él. Ahora iré a desquitarme con mi vibrador. —¿Te vas? —se levanta del sofá aún desnudo, trato de no mirar hacia abajo. Me doy cuenta que no me perdí mucho. Suelto un bufido. —¿Esperas que me quede a seguir intentando que se te pare? ¡Ja! ¡jódete! Salgo dando pintas de ahí. Ni loca vuelvo con este. ** Roy y Alexa, están muriendo de risa cuando se los conté. Las personas a nuestros lados nos miran. —¿Se pueden callar? Es vergonzoso. —intento cubrir mi rostro con mi bolso, pero solo lo empeoro. —No puedo creerlo. —dice Roy, está muriendo de risa. —Es la primera vez que escucho esto. —Pues yo igual, es la primera vez que me hacen pasar por esto. —suelto, sintiendo el calor en mis mejillas. Dejo caer mi cabeza en mis manos, mi cuerpo se calienta de tanta vergüenza. —Lo siento, nena. Debió ser terrible. —esa es Alex. —¡Lo fue! ¿pueden dejar de reírse? —poco a poco se calman. —Créanme que fue una noche nefasta. ¿Cómo pudo pasarme después de esperar 3 años? —Esperaste tanto para nada. —musita Alex. —Quiero llorar de frustración. —Me quejo. —Ese tipo no merece tus lágrimas. —Roy tiene toda la razón. Roy y Alexa. Son mis únicos amigos. A Roy lo conocí en la maestría, y Alexa, mientras hacia mi pasantía. Llevamos mucho tiempo de amigos, lo suficiente para darme cuenta que son honestos conmigo. Les he contado todo sobre mi, y ellos igual. Alexa, es maestra en una universidad. Y Roy, es periodista de deportes. —¿Podemos irnos? —Roy paga la cuenta por nosotras y vamos de compras. Compro nueva joyería de Tiffany, que estoy segura estrenaré la próxima semana. —¿Harás el viaje? —pregunta Alex. —¿Es la próxima semana? Tomo una gabardina y siento la textura. Es perfecta. —Si. Me voy el miércoles. Debo estar el fin de semana ahí para cubrir el evento. Soy periodista. ¿Quién lo hubiera dicho? En fin, viajaba para cubrir el evento de una marca en la inauguración de Tokio, Japón. Iba ser la primera vez que viajaba allí. —Tenemos que hacer una noche de chicas, para despedirte — anuncia Roy, ya sé lo que me espera con sus despedidas. La última vez terminamos en un yate, no recordaba como mierda pasamos de su casa a un yate, él se encontraba en la cama con el capitán. Menuda noche. Esta sería una gran despedida. ** —¿Has empacado lo necesario? —estoy al teléfono con Roy, no pudo estar aquí porque está cubriendo un evento. —Si, es solo un viaje de negocios. No me mudaré Roy. —Nunca se sabe, tal vez y pidas tu cambio de oficina hacia Tokio. De todas formas, tienen una sede allí ¿no lo recuerdas? —me reí. —En fin, tengo que irme. Anunciaron mi vuelo, nos vemos en unas semanas. —Cuídate, amorcito. —Tu igual, amorcito —respondí sonriendo. Fui hacia mi puerta donde me llevaría a una nueva aventura.

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