Leon El viaje de regreso se sintió diferente esta vez. No vacío. No distante. Pesado... pero no por el silencio. Sino por la conciencia de su presencia. Cada segundo, cada movimiento, cada respiración dentro del coche se sentía... ocupado por ella. No la miré de inmediato. No porque no quisiera, sino porque sabía que, si lo hacía, no podría dejar de mirarla. Mis manos permanecían firmes en el volante y mi mirada fija en la carretera, pero mi atención no estaba en el camino. Estaba en el leve movimiento de su cuerpo a mi lado. En la forma en que sus dedos se movían tenuemente sobre su regazo. En su respiración: irregular al principio, luego más lenta, como si se obligara a recuperar el control. No había hablado desde que salimos, pero tampoco se había alejado. Eso importaba más. Mu

