Isabella —Ay, hace un frío que pela —dijo Sarah mientras yo abría la puerta y ella entraba en casa. Solté una risita y le quité la chaqueta. —Gracias por venir. Sarah se volvió hacia mí con el ceño fruncido. —¿Por qué no iba a hacerlo? Sonreí y caminé hacia la sala de estar. Dejé la chaqueta de Sarah en el sofá y me senté. Aún no habíamos visto nevar, pero la temperatura había bajado tanto que parecía que ya estaba nevando, aunque no fuera así. —¿Así que Liam no ha podido acompañarte hoy? —preguntó Sarah, sentándose a mi lado. Todavía me sorprendía que, cuando le pregunté a Liam si Sarah podía venir a verme, él hubiera respondido de inmediato: «Por supuesto». Fue uno de esos momentos que me demostraron que realmente había cambiado. Al fin y al cabo, Liam había establecido en su día l

