Isabella Permanecía de pie a un lado con la cabeza baja, jugueteando con la tela de mi vestido. Margaret estaba sentada frente a mí, luciendo relajada y serena, mientras Antonia permanecía a su lado. Era solo cuestión de tiempo antes de que este tenso silencio se convirtiera en una paliza para mí. ¿Cómo había llegado hasta aquí? Había tenido un día agradable en el trabajo; estaba feliz y esperaba con ilusión que Liam viniera a buscarme. Sin embargo, cuando decidí salir a esperarlo —sabiendo que ya casi era hora de su llegada—, no esperaba encontrarme allí al chófer de Margaret esperándome a mí en su lugar. —La señora Branston la está esperando, señorita Isabella —había dicho él. No lo culpaba. Margaret había advertido a sus subordinados que nunca se dirigieran a mí con el mismo título

